Compañero inesperado

El lunes por la tarde tenía la intención de salir a pescar por la ensenada de Baiona y llame al hijo de un viejo amigo para ver si se animaba, dicho y hecho en cinco minutos ya tenía respuesta y compañero.

Salimos sobre las 5 de la tarde y fuimos parando en las piedras que cuando entran sardinillas en la ensenada son querenciosas para sacar como dicen por aquí “algún peixe”. Lance tras lance sin picadas fuimos recorriendo la ensenada.

Ya en la punta de las Estelas, Manuel tuvo las primeras picadas a vinilo, 2 lubinas una de 800gr y otra que fue devuelta al mar, aunque salieron casi seguidas fueron las únicas que picaron, después de estas tanto con vinilo como con minijig solo salían caballas de buen tamaño, sacamos 18.

Viendo que había pequeñas bolas de pescado nos animamos a montar un aparejo de plumillas y rematamos con un par de docenas de jurelitos que serían nuestra cena.

Cenando revivimos recuerdos de historias de pesca, a Manuel lo conozco casi desde que nació, porque yo había sido compañero de pesca de su padre.

Yo empecé a pescar con el padre de Manuel cuando tenía unos catorce años, a mosca con la cola de rata y yendo en tren al río Miño, no teníamos de aquella mucha idea pero ilusión toda la del mundo. Volver a compartir ahora con su hijo esta jornada de pesca fue francamente agradable, gracias Manuel no será la última.

No hay fotos porque ninguna de las capturas lo mereció.

Deja un comentario