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Las artes de pesca profesionales

Tesouros Vivos do Mar de A Guarda

Documental de los trabajos artesanales que se hacían antiguamente en este pueblo a orillas del Atlántico y casi seguro que en casi todos los pueblos que vivían del mar.

Cuando se utilizaban estas artes todavía había pescado.

Documental proxecto de recuperación do Patrimonio Inmaterial Marítimo de A Guarda (Pontevedra – Galicia – España) a través da figura dos Tesouros Humáns Vivos.

Manjúa, arte de pesca tradicional.

Para las pescas con arte de cerco, como la de manjúa, ya fue dictada desde el siglo XVI por los pescadores de Lekeitio la norma que prohibía estorbar a la embarcación que estaba largando hasta que terminara de cercar.

La pesca de la manjúa se efectuaba cuando, por el acoso de los delfines u otros cetáceos menores se formaba un banco compacto de peces como sardina o anchoa que eran obligados por aquéllos a salir a la superficie. Las embarcaciones  traineras seguían a las manadas de delfines porque, éstos, una vez rodeado y compactado el banco de peces (la manjúa), lo hacían subir a la superficie: la situación del lance de red quedaba así claramente marcada por una mancha rojiza en la superficie del mar, producto del estado de acoso en que se encontraba la manjúa. Únicamente había que rodear la mancha rojiza con la red de cerco para poder capturar el pescado acosado por los delfines.

La pesca de la manjúa fue conflictiva desde sus orígenes puesto que tras la manada de delfines iba más de una lancha y todas pugnaban por efectuar el primer lance, estorbándose mutuamente. De este modo había veces en que nadie conseguía ningún resultado aunque sí desgracias, odios, rencores y todo tipo de perjuicios. Para evitar estas circunstancias, tanto las cofradías como los Distritos Marítimos hicieron serios esfuerzos para regular de alguna forma esta actividad, y en 1910, el Comandante de Marina de Santander incluso redactó un único reglamento para todo el Cantábrico cuya aprobación fracasó cuatro años más tarde. Aunque todos los reglamentos provinciales o de distrito era similares, cada uno tenía al suyo como el más justo y adecuado. Aquella Real Orden de 1914 establecía que se mantuvieran los reglamentos vigentes porque no se consideraba justo que los de una región tuvieran que adoptar las costumbres de los de otra.

Curiosamente, todos los reglamentos (que recogían la costumbre) establecían que únicamente podía largar la lancha mejor ubicada, indicando las circunstancias que habían de darse para considerar que una lancha era la que estaba mejor  colocada para el lance. En Bizkaia, por ejemplo, la lancha mejor colocada, de día, era aquélla de entre las que llevaban rumbo al oeste que tuviera la manjúa a menor distancia por su banda de babor.

Para tomar parte en una compañía, el patrón de la embarcación que llega al lugar de la manjúa debía solicitarlo por medio de señas, siempre y cuando el que estuviere efectuando la largada no hubiera todavía embarcado los cabeceros del arte y las llaves de la jareta. Una vez concedida la parte en la compañía, ésta se mantenía para toda la jornada aunque las embarcaciones no anduvieran juntas o se dedicaran a la misma pesca con otros artes o sistemas. El resultado de las pescas de todas las embarcaciones componentes de la compañía se repartía entre cada una de ellas.